Después
de escucharte anoche, me levanté. Cuando pensé en todas las personas de los
barrios, que arriesgaron su vida por poner un afiche con tu foto en su puerta,
me levanté. Cuando entendí que hay más de seis millones y medio de venezolanos
que piensan igual que yo, me levanté.
Confieso
que me costó. La rabia y la frustración se apoderaron de mí esa noche del
domingo. Lloré. Como si hubiese perdido a un familiar muy cercano. Dormí con la
canción de “Hay un Camino” dando
vueltas en mi cabeza. Pensaba una y otra vez: “Seis años más es demasiado”.
¿Qué
pasó? No lo sé. Quisiera tener la respuesta. Quisiera entender a esos
venezolanos que optaron por la opción violenta, de irrespeto y violación de
derechos. Pensé que nos habías quedado grande. Y lo peor… Renegué de Dios. No
entendía por qué no nos ayudó y debemos seguir en esto.
Y
comprendí que fuimos demasiado ingenuos para pensar que podíamos acabar una
tiranía de forma democrática. Pero es que eso es lo que nos han enseñado. Eso
somos, demócratas.
Como
tal, debemos aceptar los resultados de la contienda electoral. Porque es así:
Unos ganan, otros pierden. Como dijiste ayer: “Perdió Venezuela y ganó el gobierno”. Pero fue ahí cuando
verdaderamente escuché tus palabras: “Mientras
hay vida, hay esperanza”. Sembramos la semilla del futuro y necesitamos que
todos la cosechemos.
Creo
firmemente que la vía democrática sigue siendo la mejor opción para oponernos a
este régimen. Votaré una y mil veces más. Trabajaré por mi país una y mil horas
más. Lloraré y reiré por Venezuela, una y mil veces más. Porque no quiero
entregarles el país en bandeja de plata. Porque creo que somos capaces de
recuperar las alcaldías y gobernaciones para equilibrar el poder. Porque somos
muchos los que podemos darle esperanza a Venezuela.
Dios
no nos abandonará, en algún momento lloraremos de alegría. Nos devolviste la
esperanza, nos enseñaste a votar en positivo y no en contra de una opción. Lograste
que creciéramos en tolerancia, que dejáramos el miedo de usar un símbolo
político que no fuera de la tendencia del gobierno, que pensáramos en futuro. Nos
uniste. Nos diste un líder.
Nos
contagiaste de las ganas de trabajar por Venezuela. Nos hiciste entender que es
trabajo de todos y no de pocos. Sumaste voluntades por este país. Y ahora,
cuentas con una flota de seis millones y medio de venezolanos, que seguiremos
construyendo el camino del futuro.
Gracias
una vez más Henrique, algún día serás nuestro presidente... Y que Dios te bendiga.
Marielisa Manzanilla
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